Frecuentemente
nos descubrimos a nosotros mismos negando aquella parte de nuestra
humanidad que no nos gusta. Emociones como el miedo, la rabia, la culpa,
la tristeza o el rencor nos abruman tanto que queremos apartarlas de
nosotros y mirar hacia otro lado. Pero somos seres duales que viven en
un entorno dual. La luz y la oscuridad forman parte de esta vida, en la que ahora hemos encarnado, para que podamos obtener una experiencia, un aprendizaje y una evolución.
El
amor a uno mismo nos pide aceptación interna, integración y respeto a
todo lo que existe en nosotros. Aquellas emociones que nos desagradan,
aquellas tendencias hacia las que nos dirigimos, llevados por el extremo
oscuro de nuestra humanidad, nos proporcionan lecciones que necesitamos aprender.
Al escapar de ellas nos negamos a nosotros mismos y negamos también la
experiencia humana. Al aceptar que eso existe en nosotros abandonamos la
lucha interior y comenzamos a respetarnos como seres completos.
Desde
ese punto se acaban las fugas energéticas y podemos enfocar nuestra
atención y nuestra intención en la sanación de las heridas que la
dualidad causó y también, en la transformación de aquello que no nos
gusta, desde la serenidad, el respeto y el amor.
Luz y oscuridad deben aprender a convivir
en esta nueva era, en la cual la energía de la Nueva Tierra nos invita a
ser auténticos, a aceptarnos a nosotros mismos y a amarnos sin medida.
Desde esa base sólida podremos amar sin medida a los demás.
Esta noche vamos a buscar esa unidad de nuestro interior, abrazando nuestra sombra,
aceptándonos tal como somos y decidiéndonos a transformar aquello que
nos causa conflictos con nosotros y con los demás, a través de la
energía del amor, con serenidad aceptación y consciencia.